sábado, 31 de marzo de 2018

Crónica de una temporada invernal


Queridos..amigos..de..Pirineo..total;
Sabed queridos lectores que vuestras quejas no son escuchadas. Que hubo un tiempo en que las presiones de lobbies internacionales y de los miles de lectores impedían que conciliase el sueño. Hoy, ese momento pasó. Asumid que tengo una vida y que la cuenta donde teníais que ingresar los donativos sigue a 0. Pensad en todo el esfuerzo que me supone que podáis sentaros a leer vuestra ansiada crónica. No seáis egoístas y pagad; apadrinarme y os hartareis de crónicas y de las noticias bajo la realidad de nuestras montañas. Aún así..ya que mis problemas técnicos están resueltos…allí va la primera de la temporada.

“UN DÍA CUALQUIERA”

He estado pensando en hacer un resumen de la temporada en esta crónica, pero tras meditarlo (no mucho) y hacer un balance de la misma (con la misma desgana que antes) me he dado cuenta que el mejor resumen es el día de hoy. Este día, su relato, es el reflejo más fiel de lo que ha sucedido esta temporada mejor que cualquier análisis exhaustivo que pudiese realizar.
Me he levantado a la misma hora en una mañana fría y nevada con la energía de todo el invierno. Me tomaba el café viendo los mismos coches que han pasado a esa misma hora cada día de la temporada. He abierto la app de Orgasmon para mirar el mismo parte que emiten durante estos últimos meses y he pensado que no había tanta gente como anunciaban los voceros de siempre. He bajado con el mismo síndrome de la marmota de los últimos 120 días, la misma ropa, mismas legañas….
Cuando he llegado a las estación (con ganazas) he corrido a pedir un bocata tradicional y la base de la alimentación para todo esquiador; un bacon-yeso. No ha podido ser porque hasta las 12 no dan calientes..es la hora del café y punto y además es por la otra cola. El caso es que he pensado en hacer una de mis cosas favoritas en la estación y que hago todos los días antes de empezar las clases: deleitarme con el pórtico de entrada a los baños. Desde que vi la nueva entrada a los baños empleo todos mis ratos de ocio en descubrir nuevos detalles en los relieves de la entrada. He de confesar que soy un enamorado del barroco y me quedo extasiado ante tanta solemnidad y tan esmerados detalles. Creo que algo funcional y a la par bonito nunca está fuera de lugar. Pese a sus detractores, opino que se hizo bien en descartar el estilo herreriano y que parte de la afluencia asiática de la estación se la debemos a esta joya de la ingeniería civil. Tras sufrir 2 veces el “síndrome de Stendhal” me he acercado a la escuela tambaleándome con la ventisca y la copiosa nevada para saludar a mis sonrientes compañeros.
Abro la puerta y sonriendo de oreja a oreja pongo mi dedo para fichar y no enfadar a la estudiosa antes de desear a mis 70 compañeros una grata jornada y un feliz trabajo. 2 empujones, 3 codazos y 7 caídas de diferentes  objetos como cascos y prendas de nuestro (bonito funcional y estanco) uniforme desde la puerta a mi percha, consigo meter la mochila en su sitio encajándola a base de 2 puñetazos y una patada. He de llegar a la máquina del café de Nando para mi dosis de chocolate haciéndome sitio entre la multitud de profes que como zombies miran la pantalla de su futuro próximo.
La máquina da miedo. Suena como una turbina de un avión antes de explotar pero confío en que no lo haga en ese instante y la valentía me recompensa con un momento choco-piti para ponerme las botas.
Calzado y preparado subo de nuevo arriba para asistir a una reunión que el “heraldo del mal”, nuestro querido director nos tiene a bien dar todas las mañanas. Nos informa que se abre en el día y que sigue cerrado. Hoy el alimoche estará abierto, la pala no, sabocos se verá…y me toca cursillo adulto de los sobrantes de los días anteriores que van desde el abuelo bantú hasta el niño esquimal (inuit, perdón rapaz) con todo sin pisar.
Salgo a reunirme con mi tropa asignada en el mismo sitio de siempre con paso firme y resuelto…me paro (pasa una moto) saludo a la señora cursillista de todos los días 2 pasos más adelante que me pregunta por la bandera 3, el pto 7, el tiempo que hará hoy y sobre quién es el monitor de su hijo que no se acuerda. Tras jugar al “quién es quién” con la señora un rato me reúno con mi grupo. Tratan de darme más cromos, descartes, cambios y salgo pitando con 10 de los que solo conozco 2 del día anterior.
2 cuñas, 3 virajes fundamentales, 3 paralelos, un cuña-chuss, algo parecido al sumo deslizado y yo emprendemos un descenso trabado sorteando cursillos en diagonales y manadas de niños hacia una silla de Fobas 1 azotada por el viento. Ganazas!
Nos quedamos con las ganazas de subir a Sabocos pero llegamos a Mandilar. Lo hacemos en mitad de una ventisca sin visibilidad,  ateridos de frío para proceder con la armonía (perfectamente sincronizada) de un cursillo deslizándose en pos de su monitor por el manto blanco e inmaculado…ganazas!!
Ganazas de mazarranuela. Ganazas de la pala. Ganazas del snow park. Ganazas!! Ganazas!! Ganazas!!  
La nieve es fría y compacta. No es polvo pero sigue cayendo y aumentando su espesor haciéndola cada vez más apetecible. Veo gente, esquiándola a su libre albedrío. Son orcos en su mayoría pero también hay compañeros que aprovechan sus momentos de ocio. Yo sigo trabajando y mirando por el rabillo del ojo mientras maldigo a mis compañeros.
Acabo el cursillo y salgo raudo y veloz a cambiarme para esquiar recobrada mi libertad. Lo normal sería que tras bajar la última con el cursillo con una nieve estupenda, llegase y me encontrase con una hora más, 2 ó 3 para no poder esquiar nada. Hoy no es el caso. Hoy solo sube la temperatura, cambia la nieve, se cierra de nuevo cuando bajo yo y no cojo una piedra, cojo 3 seguidas y abro el ski por la espátula.
Ganazas!!

domingo, 18 de febrero de 2018

Retorno



Hace tiempo que no he escrito en este blog. No ha sido por faltas de ausencias precisamente; ha habido sonadas ausencias y reiteradas en el tiempo, las ha habido cortas y largas, justificadas e injustificadas, por ocio, por trabajo y por vicio (..) Pero el motivo de que no haya ampliado las numerosas ya existentes ha sido por falta de tecnología y por falta de tiempo. Se acabaron los días en los que era dueño de parte de la esfera del reloj. Ahora solo trabajo y cumplo con mis necesidades fisiológicas. De hecho, ahora he tenido que elegir entre escribir esto y ducharme…..
También me han abandonado las musas. Me siento aquí delante y no se que escribir porque tengo el síndrome del papel en blanco o porque hace tiempo que no me alimento de nutrientes exteriores para estimular a musas, cerebro o gónadas inferiores. Así que escribo y confío en que algo saldrá…..
“M” ha partido de nuevo dejándome solo en nuestra nueva casa. Realmente solo no me ha dejado. Me ha dejado acompañado de virus y bacterias que me tienen post


rado en el sillón entre un mar de pañuelos y pastillas para la garganta. Pero seguiré luchando día a día contra el frio y el calor, el dolor y el malestar y contra todo lo que se me ponga por delante porque soy un caballero de la orden de los pringaos.
Podría estar tirado en el sofá viendo un partido de hockey pero hoy precisamente no hay. Ni ski, ni películas ni nada parecido que me hiciesen llevadero mi malestar. Ni siquiera tengo esas décimas de fiebre que te clavan en el sofá adormilado en un limbo semi-inconsciente. Soy perfectamente consciente de la ausencia, de que me aburro y de que eliminaría a todos los que saltan de un trampolín, a los jueces y a los espectadores por condenar una tarde de olimpiadas febril a semejante tortura. Hasta hace un momento estaba buscando combinaciones para unir juegos de invierno con los de verano; lo único que se me ha ocurrido es el tiro al plato con los saltos de trampolín.
Mi malestar me impide hacer todas esas cosas que hago cuando “M” se ha ido. Esta vez no habrá sexo ni organizaré timbas de póker con ex soldado rusos y piratas malayos. De momento me quejaré en soledad y de vez en cuando iré llamando a gente por teléfono para hacerlo con público. Por cierto “M” no llama a Cuchara. Sabía que en su detestable y femelina cabecita no hay lugar para llamarme. Ni siquiera me llamará para decirle que en una recreación de un partido de hockey en el recibidor me he cargado un jarrón y un espejo. Ni siquiera me llamará porque en mi estado no le puedo decir que me está empujando entre las piernas de una tercera.
Es más, si me llama no le cogeré el teléfono para que piense que estoy genial y sin tiempo para ella, que no vivo al lado del teléfono para cuando suene poder quejarme a sus oídos.  Pensará que estoy en un bar rodeado de camaradas y haciendo comentarios elocuentes y sagaces sobre cualquier tema de moda trendy topic influencer y mega molón.
Ahora casi tengo nostalgia de cuando en las ausencias tenia que hacer planes para sobrellevarlas. Ya no tengo tiempo para eso, hoy es el entorno y  los agentes externos quien me hacen los planes…Hoy es tiempo para soñar. Pero esa es otra historia que contaré más adelante.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Neverending story



Me arrancaron de mi hábitat. Tras largos años en ese entorno, un buen día el viento cambio y lo que eran fértiles llanuras pasaron a convertirse en eriales. La tristeza aparto la alegría de ese hasta entonces mi hogar y los armarios dejaron de cerrar bien. Es curioso pero a partir de entonces, todo lo que había funcionado correctamente dejo de hacerlo. Faltaban tiradores en cajones que siempre habían estado allí y dejaron de poder abrirse; se sumieron en el olvido. El confort que siempre pensé tener se desvaneció y resultó que había sido mentira; ya no estaba allí. Era como si la nada se expandiese. De golpe y porrazo todo había cambiado. Resultó que ni siquiera yo estaba dónde debía estar, la zona gris avanzaba y yo ya no estaba allí. Buscaba a Jufur para que me llevase lejos de la nada. Es que además….¡Joder!..Ni “M” esta dónde debe estar!!

Aquí empezó la verdadera similitud con “La historia interminable”; un mes de subir y bajar cajas. Desmontar armarios y bajarlos, montar armarios y subirlos tras bajarlos, subir para pintar aquí y bajar para pintar allá, subir escaleras con bolsas enormes para luego bajarlas rellenas de nuevo(..) Me hubiese venido bien tener al dragón Jufur y no al pequeñísimo Jaime pero le hubiese cambiado el nombre por ascensor y todo el mundo sabe que los dragones han de tener utilidades magnas y …en fin esa es otra historia. Ahora vivo en un sitio nuevo junto a mi hermosa y detestable “M”. Ella por cierto no está aquí ahora. Estoy solo en mi nuevo hogar como si estuviese de vacaciones en un apartamento alquilado por primera vez buscando donde están las cosas. Ya no hay “la nada” avanzando inexorablemente pero ahora no encuentro nada que es otra forma de olvido.
He perdido el azúcar para el café en algún sitio de la cocina pero no importa porque acabo de encontrar el interruptor de la cocina y podré seguir con mi tarea de búsqueda. “M” tampoco está en su sitio. Me giro para buscar el mando pero tampoco está en su sitio, está al otro lado junto a la mesa que debiese estar en el lado contrario. Mi eje oeste-este ha cambiado por este-oeste y la luz viene de donde no debiese y hasta el polo magnético no es el mismo. Mi brújula busca un norte que se ha desvanecido y “M” no está.  Ni siquiera tengo mi hockey hielo en la tv como antes para practicar mi golpe en el pasillo.
Bueno pero la vida sigue y tengo un árbol de hojas rojas al lado de la ventana de mi cuarto cuando me levanto. Tengo un lava-vajillas que no se llena nunca. Tenemos una zona verde, una piscina y una pista de tenis que ya tenía. En fin…M” no está, sigo buscando el azucarero y mi norte poco a poco se va recolocando. Pero esa es otra historia.  

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Corre Forrest




                          Cabalgar, cabalgar, cabalgar, de día, de noche, de día.
                          Cabalgar, cabalgar, cabalgar.
                          Y el alma se ha cansado tanto y el ansia es tan grande.
                          Ya no hay montañas, apenas un árbol.
                          Nada se atreve a elevarse.
Es de noche y las sombras de los arboles dibujan su relieve en el camino iluminado por la luz plateada de la luna. Corro acompañado de Colette mientras mi vena de poeta crece por lo que veo. No consigo encontrar nada que rime con luna para continuar esta crónica pero sigo corriendo. Quiero cansarme mucho más de lo que estoy para poder dormir en esta noche de ausencias. Hace un frio considerable y debería estar sentado en mi salón preparándome un vladimir pero ya no tengo esa posibilidad y sigo corriendo. Estoy de nuevo en una ausencia.
Me gustaría desmontar y apestando a camino, polvo, sudor y caballo dejarme caer en mi incómodo sofá de mi helador salón de mi melancólica cueva. Pero todo eso se ha tornado imposible en estos extraños días de ausencia. Mi castillo ya no es mi castillo, mi incómodo sofá se ha convertido en un cómodo chess long. No es que me queje del confort, me quejo de no tener un caballo cómo el alférez Cristoph. Y si me tientas, pensándolo fríamente no lo envidio (al final casca) pero quedaría bien en Facebook si tuviese.
                       Joder, joder, joder que frío.
                       Frío en las orejas, en la tocha.
                       Y las piernas se han cansado tanto y el ansia es tan grande.
                       Ya ni hay nieve, apenas una manchita.
                       Nada se atreve a caer. Plátano parece…
Sigo corriendo mirando las sombras que parece se mueven tras de mí. Nota mental: No ponerme a escuchar podcast de misterio cuando corro solo por el bosque entre tinieblas. No es ningún demonio, era Colette entre los árboles.
Quiero acabar la rutina corredora y llegar a mi casa (que no es mi casa) para meterme en la ducha vestido bajo el agua caliente. Mi detestable “M”, corredora experimentada, me dijo que me pusiese poca ropa para correr. Yo, tonto y crédulo, he hecho caso y ahora me muero de frio mientras la brisa del norte me trae efluvios de nieves lejanas.
El paisaje es oscuro, bañado en plata y recuerda los paisajes tristes de los 7 reinos o Transilvania. Parece que en la siguiente colina veré la silueta de un castillo recortándose por encima del bosque. Faltan aullidos de lobo para correr más deprisa. Hace frio y pienso en los Carpatos, en mi detestable y particular “Elizabetta” y la soledad durante eones a la que me veo condenado. Corro mientras pienso en el este y en esta. “M”…Transilvania….Vladimir.
Ya llego. Las piernas me van fallando mientras las luces del pueblo se acercan. Correr, correr, correr. Más aprisa que llego al calor del Jaime, a la ducha y al Vladimir.